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GENERALITAT DE CATALUÑA

El proceso de reconocimiento nacional de Antoni Clavé culminó en 1995. Concretamente, el Palau de la Generalitat inauguró una serie de salas que, gracias a la cuidadosa disposición de las obras del artista, se han convertido con el paso de los años en uno de los espacios más emblemáticos del edificio de la plaza de Sant Jaume.

La máxima institución democrática del país recibió un número considerable de obras gracias a la generosa decisión de Antoni Clavé de donar una variada selección de su producción artística. De este modo, la colección de arte del Gobierno catalán se enriqueció con grandes pinturas materias realizadas bajo la influencia del informalismo, junto con obras con texturas y el uso del collage tan característico del artista. Este desinteresado regalo también incluyó destacadas obras gráficas y escultóricas.

No cabe duda de que el hecho de que las obras de Antoni Clavé hayan estado expuestas de forma permanente en el Palau de la Generalitat tiene una importancia que va más allá del arte y la cultura, teniendo en cuenta los trastornos históricos que sufrió Cataluña en el siglo XX, especialmente después de 1939, y la forma en que estos marcaron la vida y la trayectoria artística de Antoni Clavé. Un antiguo establo a las afueras de la ciudad de Rosellón, que se había utilizado para la cría de caballos, el Haras, se había convertido en un recinto para albergar a refugiados políticos: los exiliados republicanos derrotados. El joven cartelista se encontraba al comienzo de un exilio difícil que, a pesar de sus precarias circunstancias, lo convertiría gradualmente en un artista internacional que nunca dejó de añorar su país, pero que tampoco renunció a la esperanza de un cambio que trajera consigo el retorno de la democracia y las libertades nacionales.

Así pues, en cierto modo, la exposición de una parte significativa de la producción artística de Antoni Clavé en el Palau de la Generalitat es el resultado de una justicia histórica, sobre todo porque el exilio desempeñó un papel innegablemente fundamental en su vida durante casi cuatro décadas. De hecho, tanto es así que no sería presuntuoso señalar que su ejemplo demuestra que el exilio es una experiencia ambivalente, ya que es tan inseparable de la pérdida como inextricablemente ligado a un marco abierto a oportunidades inesperadas. En el caso de nuestro artista, el origen de esta observación se remonta a su primera exposición en la Galerie Vivant de la capital del Norte de Cataluña, el 28 de febrero de 1939, organizada bajo la dirección del artista perpignano Martí Vivès. Sin duda, fue un golpe de suerte que se sumó a un talento artístico que ya no se vería frenado.

Dicho esto, las obras de arte que se reúnen de forma sucinta en esta sección tienen algo más que una validez estética incuestionable. Son el resultado del reencuentro del artista, que nunca regresará del exilio, con el país que dejó atrás. Se trata de un país que, desde la década de 1980, se esfuerza por reconstruir por completo sus instituciones de autogobierno y consolidar la democracia. La reunión de estas obras, algunas de ellas también políticamente activistas, es sin duda la encarnación material de una época en la que el país avanzaba hacia la institucionalización de sus derechos y libertades.

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Pintura amb blau negre i alumini, 1992. © Antoni Clavé, VEGAP, Barcelona, 2025 

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