
Sorolla
Cazando impresiones
Organizada por el Palau Martorell en colaboración con el Museo Sorolla y la Fundació Museu Sorolla, y comisariada por Blanca Pons-Sorolla y María López, la exposición reunía 193 óleos de pequeño formato sobre tabla, cartón y otros soportes de la colección del Museo Sorolla.
A lo largo de su vida, Joaquín Sorolla pintó cerca de dos mil de estos pequeños óleos. Los llamaba apuntes, manchas o notas de color: un formato cada vez más utilizado por los grandes artistas del siglo XIX, que permitía recoger con rapidez ideas e impresiones en obras independientes que iban más allá de un simple boceto.
Sorolla los conservaba en su estudio cubriendo paredes enteras; pronto empezó a enmarcarlos, y tuvieron presencia destacada en todas sus exposiciones. Pequeños en tamaño pero grandes en audacia, contienen ráfagas del Sorolla más brillante.
El recorrido seguía toda la trayectoria de Sorolla en tres capítulos. Formación y consolidación (1880-1903): de los años de formación en Valencia a Roma y París, y después Madrid, hasta que — con Sol de tarde (1903) — considera que definitivamente ha encontrado su estilo. Los primeros apuntes muestran la influencia de Fortuny y de los italianos, y los pequeños formatos ganan poco a poco independencia: un instrumento paralelo, experimental — sobre todo, una manera de mirar.
La madurez artística (1904-1911): la primera exposición monográfica en la galería Georges Petit de París (1906), volcada hacia los temas que le ofrecían los mayores desafíos visuales — las variaciones de la luz a lo largo del día y de las estaciones, el color de las sombras, los reflejos y transparencias del agua — con el mar y las playas como escenario más rico. Después vendrían las grandes exposiciones internacionales: Alemania, Londres y, en 1909, la Hispanic Society de Nueva York, seguida de Buffalo, Boston, Chicago y St. Louis, donde sus notas de color se presentaron enmarcadas individualmente como obras plenamente autónomas.
Plenitud (1912-1919): mientras el gran encargo de los murales para la Biblioteca de la Hispanic Society consume la mayor parte de su tiempo, Sorolla pinta para sí mismo, sin la presión de las exposiciones — íntimos y silenciosos cuadros de jardín y algunas de sus más bellas escenas de playa. Los últimos apuntes de las playas del norte, sobre todo San Sebastián, muestran una ejecución cada vez más abreviada: un Sorolla esencial que sigue investigando la síntesis visual de las formas al aire libre.

